La idea es muy simple.
Acabamos de pasar más de dos meses escuchando como hay que recordar el golpe del 76 para que no vuelva a suceder, y a glorificarse a la democracia como la forma de gobierno que debe reinar para que no sucedan los terribles hechos de violación de derechos humanos que se dieron en la ultima dictadura civico-militar argentina. Cuando uno se pone a hilar fino en como deberían haberse dado los hechos para solucionar el problema de la subversión de forma totalmente legal, se dice que cada acusado debió haber tenido un juicio para determinar su culpabilidad y de probarse recibir una sentencia apropiada, como ocurre en todos los países democraticos.
Luego tenemos un conflicto entre los habitantes de la provincia de entre rios y las empresas que pretendían construir sus fabricas en Uruguay. Los habitantes acusan a las empresas de que van a violar los tratados sobre medio ambiente que existen entre ambos paises. Pero en lugar de tratar de encontrar una solución por la via legal y democratica donde los acusados son sometidos a un juicio, los habitantes decidieron cortar las rutas ocasionando muchos males, perdidas economicas, y molestias tanto a quienes quieren combatir, como a terceros que nada tienen que ver con el conflicto (como ocurre en cualquier corte de calles o rutas a los que ya estamos acostumbrados en la Argentina). Sin duda la gravedad de los hechos no son de la misma magnitud, pero la forma de operar en terminos de respetar o no los derechos es la misma.
Si lo único que aprendimos de la mala experiencia de la dictadura es a no volver a caer en un caso identico, pero seguimos sin respetar los derechos y el gobierno no castiga a los que realizan cortes de ruta, piquetes y otras formas de protesta que constituyen delitos, realmente no hemos aprendido nada, y el único objetivo de recordar el golpe del 76 es para que las organizaciones de izquierda, las madres/abuelas de plaza de mayo y otras organizaciones defensores de los derechos humanos conserven el poco poder que les queda.